jueves, 8 de abril de 2010

EL FUNDAMENTO DE LA VIRTUD FEMENINA




¿Qué es una mujer virtuosa? ¿Quién la puede hallar? Desde los tiempos antiguos la mente humana ha estado vacilando ante estas preguntas.

¿Por qué es de tan alta estima la mujer virtuosa? Ciertamente no es por su feminidad, ni por su atracción física, ni por ser una buena esposa y amiga. Muchas son las mujeres que tienen estas cualidades. La alta estima de la mujer virtuosa consiste en que es tan escasa, casi extinta.

Lamentablemente, muchas mujeres hoy se consideran virtuosas, pero en verdad no lo son. Nuestra sociedad se ha desviado muchísimo de la virtud bíblica y ha producido varias generaciones de mujeres con muy poco deseo de recobrar o enseñar las virtudes bíblicas. Por lo tanto, existen hoy muy pocas mujeres que sirven de ejemplo para las jovencitas.

Aunque Proverbios 31 describe muy bien la mujer virtuosa, su base se encuentra en otros principios bíblicos. ¿Cuál es el fundamento de la verdadera virtud? Primero tenemos que entender el propósito de Dios en crear a la mujer.

En Génesis 2:18 el Señor dijo: "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él". "Ayuda idónea" significa una ayuda adecuada para el hombre. El hombre fue creado para los propósitos de Dios, pero la mujer fue creada para el hombre, cumpliendo así el propósito de Dios para ella. "Y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón" (1 Corintios 11:9).

Cualquier "virtud" que no nace de este fundamento, no es virtud. Cualquier obra o ministerio de la mujer que no sea basado sobre este principio, distorsiona el propósito de Dios para ella. La mujer verdaderamente virtuosa hallará su cumplimiento en ayudar al hombre a cumplir con la responsabilidad que Dios le ha dado. El le dio al hombre la responsabilidad de enseñorear sobre los animales y toda bestia (Génesis 1:26); después de la caída le dio la responsabilidad de enseñorear sobre su esposa: "tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti" (Génesis 3:16). También le dio al hombre la responsabilidad de gobernar bien su casa: "Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción" (1 Timoteo 3:4).

Dios le ha encomendado al hombre una gran responsabilidad al darle la autoridad sobre la familia, en el trabajo, y en la iglesia. Los cambios del orden que se produjo en el siglo 20 con su énfasis en los derechos de la mujer, los derechos de los niños, y hasta los derechos de los animales, han dado un sentido muy negativo a la palabra autoridad, pero en el principio no era un término negativo. El hombre fue formado del polvo de la tierra, a la imagen y semejanza de Dios. Pero, como dice la Biblia, la mujer fue tomada del hombre; fue creada de la costilla del hombre, lo que también verifica su posición junto al hombre. Los propósitos de Dios para Eva en ser la ayuda idónea de Adán fueron una parte tan íntegra de su vida, que Adán dijo de ella: "Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne " (Génesis 2:23). Dios dio al hombre la responsabilidad de autoridad y dio la responsabilidad a la mujer de ser una ayuda adecuada para él.

¿Cómo puede ayudar la mujer? Otra vez volvamos a la base: "No es bueno que el hombre esté solo" (Génesis 2:18). Dios vio que el hombre necesitaba algo para completar su estado y creó a la mujer. Ella complementa al varón. "Complementar" quiere decir agregar lo necesario a una cosa para completarla. El hombre solo no puede ser fructífero y multiplicarse (Génesis 1:28). El hombre no puede dar a luz hijos, ni tiene por naturaleza el don de desempeñar oficios domésticos. La mujer es el complemento adecuado para el hombre. Las Escrituras nos indican que la mujer debe ser cuidadosa de su casa (Tito 2:5), criar hijos, y gobernar su casa (1 Timoteo 5:14). Es su deber añadirle a la vida del hombre aquellos campos de la vida que el hombre no puede cumplir por sí solo. Pero no es su deber dirigir en los campos donde el hombre debiera dirigir pero que falla en su liderazgo.

La mujer también debe embellecer y mejorar el valor y la eficacia del hombre. Este es un aspecto en que muchas mujeres fallan, o bien rechazan. Ella debe fortalecer al hombre, no hacerlo sentirse cómodo en sus debilidades; aumentar la eficacia del hombre, no menospreciar sus esfuerzos; echar leña a su fuego, no encender otro a un lado; mejorar su canto, no cantar un canto propio; fortalecerlo, no llevar su carga; honrarlo, no desempeñar su propio ministerio, porque "la mujer es gloria del varón" (1 Corintios 11:7).

Estos pensamientos pueden ser causa de conflicto en algunas circunstancias. Si el esposo no es consecuente en dirigir el culto familiar, ¿qué debe hacer ella? Si no sabe dirigir bien sus finanzas, es poco dado a dar dirección, o es negligente en la disciplina de los niños, ¿cuál es el deber de la mujer? Tales circunstancias exigen un buen discernimiento de parte de la mujer. Exponerse ella y cumplir con los deberes del hombre muchas veces resulta en una "super mujer", supuestamente virtuosa, que puede dirigir el hogar, disciplinar a los niños, ordeñar las vacas, manejar los detalles financieros, planear las actividades de la familia, economizar en sus compras, y posiblemente tener un pequeño negocio para ayudar con los ingresos de la familia. Mientras esta "mujer virtuosa" ejerce sus habilidades, su esposo se vuelve pasivo, incapaz de dirigir su hogar y cumplir con su responsabilidad dada por Dios, el de señorear.

Esto no quiere decir que la mujer nunca debe hacer los trabajos anteriormente mencionados. Es posible que ella tenga que hacerlos por un tiempo, mientras otras responsabilidades o debilidades impidan al hombre en cumplirlos, o si él lo exige de ella. Pero su meta y deseo principal es de tener un esposo cumplido. Ella cela la fuerza de su esposo y es pronta en dejar cualquier aspecto de liderazgo en preferencia por el suyo. Ella le ayuda a ser un líder con propósito y unción, un hombre que establece el orden, gobierna el ambiente, y provee dirección física y espiritual para su esposa e hijos; un hombre conocido en las puertas (Proverbios 31:23). La mujer firme y enérgica muchas veces hallará que su esposo es más tranquilo. Cuando ella insiste en su manera, debilita la fuerza de su esposo. En tal caso es muy fácil desanimar a su esposo en lugar de ayudarlo. Con el corazón de Cristo, debe animar a su esposo con sumisión, apoyo, y honra. Una mujer de virtud piadosa hallará su mayor contentamiento y recompensa eterna en guardar su casa y en complementar al hombre. ¡Ciertamente ella será alabada!