jueves, 4 de octubre de 2012

LA MUJER Y EL SUFRIMIENTO



¿Lloras por tus sueños rotos mujer?
¿Sientes que el cielo te aplasta con la tierra porque estás convencida de que tu amor no hace eco en las esporas del viento de tu tiempo?
¿Crees que diste todo a cambio de nada?
¿No valoraron tus razones, ni tu entrega en cuerpo, alma, sentimiento y razón?
¿Te dejaron suspendida entre el cielo y el infierno? ¿Tu corazón yace dormido en el sopor de tu impotencia y lacerante indiferencia? ¿Te sientes como una mofa humana con ojos insensibles ante el dolor? ¿Porqué estás triste, por qué te sientes así?… ¿Será que te mintieron? ¿Te manipularon? ¿Te engañaron? ¿Te traicionaron? ¿Te abandonaron? ¿Destrozaron tu confianza y tus anhelos? ¿Rasgaron en dos el lienzo de tu esperanza? ¿Rompieron en mil pedazos el cáliz sagrado de tu hermoso corazón de mujer?
Si alguna vez te has hecho estas preguntas amiga lectora, te invito a transformar esas impresiones tan dolorosas que han dejado profundos surcos o grietas en tu alma devastada por tu propio desaliento.
Miren ustedes corazones bellas: Cuando alguien llega a irrumpir e invadir drásticamente nuestro valle encantado de mágica inspiración femenina, usurpando de manera grotesca, machista, cínica y altanera, todas las colinas del pensamiento enamorado de una mujer, es como descubrir abruptamente el lado oscuro de un destino que nos parece injusto, y que definitivamente no estábamos preparadas, ni capacitadas para recibirle ¿cierto?
¡Para todo se prepara la mujer en esta vida, menos para la frustración, ni para el fracaso!
Entonces, ¿Qué hace una mujer cuando se siente burlada, herida, engañada, traicionada, denigrada, vejada, manipulada, maltratada y devaluada en lo más íntimo de su ser?
¿Lo saben ustedes?… ¡La mujer acude primeramente a sus lágrimas!, consulta a su propio corazón, pregunta y se vuelve a inquirir una y otra… y muchas veces más, en medio de grandes crisis emocionales: ¡Dios mío! ¿Por qué me sucedió esto a mí?
Hay una razón poderosa mis bellas, y vamos a conocerla aquí y ahora: ¿Les parece?
¡Atentas por favor!, que vamos a develar el gran misterio que encierra la máxima Obra del Creador en todo su esplendor.
La mujer, amigas queridas, es el vaso hermético donde se gesta la luz, el cáliz o sagrario divino del universo más celestial, que encierra los profundos misterios del amor, en todo su pensamiento, sentimiento, vida y razón.
Cuando Dios escogió el corazón de la mujer para morar en él, todo el cuerpo de la mujer se convirtió en su templo. Y el Señor no mora únicamente como un huésped de paso en nuestro corazón. Él habita permanente y majestuosamente en carne viva, con su sangre preciosa en las corrientes de nuestras venas, mostrando su fuerza, su poder, su sabiduría, y su gloria en cada neurona de nuestro cerebro femenino, y en cada célula inteligente de nuestra sabia, hermosa y tersa piel.
La mujer es la máxima expresión de la belleza y el amor del mundo. Parece increíble ¿verdad? Pero esto lo podemos evidenciar plenamente en el candor de su mirada, en el valor de su sonrisa, en el verbo de su voz y en la ternura sin igual que posee un corazón de mujer.
Y el corazón de una mujer amigas, no es una simple máquina que trabaja de manera incesante, latiendo acompasadamente en su ritmo cardíaco para nutrir de sangre al resto del organismo, como si fuera una bomba mecánica sin sentido, ¡NO! El corazón de la mujer es donde Dios nos ayuda con las decisiones de vida.
Y se preguntarán ustedes: ¿Entonces por qué si Dios vive dentro de nosotras permite tanto sufrimiento?… ¡Vaya pregunta!
No es que Dios permita tanto sufrimiento amigas; somos nosotras mismas quienes alteramos la leyes del amor con tanta intransigencia, capricho y necedad de hacer siempre nuestra voluntad, a costa de sacrificar al verdadero amor que vive y habita gratuitamente en nuestro corazón.
Queremos lograr las cosas más triviales e inútiles de esta vida transitoria casi a la fuerza, olvidándonos que llevamos un Rector Superior en el alma. Y que es ese Maestro Interior quien nos coloca con toda su misericordia a veces en los dinteles de las más grandes pruebas de humildad y humanidad, para ver cómo reaccionamos ante las viscisitudes de la vida. ¿No es acaso por el fuego por donde se prueban los más preciados metales?
Pero cuando cerramos los ojos al entendimiento, cuando apagamos la voz de nuestra conciencia, cuando dejamos de ser creativas, objetivas y mujeres espirituales, cuando nos alejamos de las emanaciones divinas de nuestro Padre que mora y vive en secreto dentro del corazón, cuando se nos olvida que como mujeres, también somos ninfas celestiales, siervas, hijas mensajeras y las representantes más elevadas del Dios-Amor en la tierra. ¿Con qué derecho queremos conquistar al amor? ¿Con qué derecho pedimos y hasta exigimos amor?
Se quejan algunas mujeres de que no reciben amor, se lamentan de que no es valorado el amor que ellas entregan, y sería muy interesante investigar de manera seria, profunda, personificada y muy estrictamente privada las causas vitales de sentirse en quiebra amorosa, teniendo tanto amor en su corazón.
Preguntémonos sinceramente: ¿Cómo, dónde, cuándo, por qué y a quién estamos dosificándole y cosificándole nuestro propio caudal de amor? ¿Damos amor acaso para recibirlo? ¿O tenemos que esperar primero a recibir amor, para dar incondicionalmente nuestro propio amor?
La respuesta es toda vuestra chicas, y de TodaMujeresBella.com, todo el agradecimiento supremo por sus valiosos comentarios.
Mi humilde corazón os pertenece en Cristo,

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