domingo, 29 de septiembre de 2013

TENEMOS DIFERENTES RELIGIONES... ¿ PUEDE FUNCIONAR NUESTRA RELACIÓN ?




Las relaciones de pareja son difíciles de por sí.
Si añadimos “religiones diferentes” a la mezcla, el resultado puede ser explosivo. El mundo está lleno de judíos, católicos, musulmanes, protestantes, hindús, budistas, etc., y está visto que los opuestos se atraen.
¿Pero se puede tener una relación estable y satisfactoria con una persona que tiene creencias diferentes a las tuyas? Algunos te dirán que sí, otros que no…

Hay muchísimas personas que lo han logrado. Sin embargo, ellos mismos te dirán que no es lo ideal, y que las diferencias aportan conflictos, discusiones y mucha tensión a la relación.
Funciona cuando una o ambas personas no están muy comprometidas con su religión. En ese caso, es más fácil apoyar al “otro” e incluso acceder a criar a los hijos según su religión.
Parejas de diferentes religiones

Sin embargo, si una persona tiene creencias muy firmes, será casi imposible, sobre todo a la hora de criar a los hijos. Aunque es común escuchar que “al final todos creemos en lo mismo, pero nos expresamos de diferente manera”, eso es mentira. Muchas de las creencias son radicalmente opuestas y afectan completamente a la manera de vivir, a la práctica, al día a día.
La creencia religiosa, si es fuerte, es tan importante que marca todos los ámbitos de la vida: influye en las decisiones que tomamos, en cómo vestimos, qué comemos, cómo nos enfrentamos a los problemas de la vida, cómo nos comportamos, a qué aspiramos, etc.
No os unáis en yugo desigual

Consejos para los que están considerando, o tienen, una relación de pareja con alguien de diferente religión:

No inicies una relación pensando que conseguirás  convertir a tu pareja. No es nada realista, y tampoco es justo exigir que él cambie por ti.
Decide, con la cabeza fría, si serás capaz de convivir con la religión de tu pareja. Sé honesta y valiente.
Antes de tener hijos, medita profundamente sobre este asunto. ¿Él es el padre que quieres para tus hijos? ¿Serás capaz de acceder a criarles según SU religión? O al revés, ¿accederá él a criar a vuestros hijos según tus creencias?
Si ya estás metida de lleno en una relación así, ten paciencia y sé fuerte. Si para ti es importante que él se convierta a tu religión, mantente firme, pero con respeto. Estas batallas se ganan con paciencia, fe silenciosa y mucha amabilidad.

viernes, 30 de agosto de 2013

HERIDAS INVISIBLES







Las heridas invisibles son las más importantes, las que no hablamos con nuestras familias ni con nuestros amigos cercanos. Pero lo hablamos con amigos de Internet porque te escuchan sin criticar, te ayudan aunque sólo sepan tu nick.
En la vida hay muchos secretos que no revelamos ni aún aquí, por miedo, por soledad, por dolor…
Muchas veces esas heridas invisibles son provocadas por un mal amor, por desengaños, por infidelidades, por cobardes, y así podría estar enumerando
miles de cosas que nos sucede como seres humanos..
Tres pequeñas historias que nos servirán de ejemplo para ver esas heridas invisibles que a veces asolan nuestro corazón:
Triángulo de amor. Ejemplo nº1
Una chica conoce a su chico, para ella no hay nadie más perfecto que él.
Pasa el tiempo, y su corazón ya está totalmente entregado a quien dice amarla tanto, pero se olvidó de comentarte un pequeño y gran detalle… “es casado”.
Pero, qué importa, ¡bah! Total, ella se dice a sí misma: “él no la quiere, me quire a mí y está con ella sólo por los niños”.
¡Que gran error amigas! De verdad que esta historia es más vieja y usada que el hilo negro.
Si está con ella es porque en un momento de la vida estuvo enamorado de esa persona, y fruto de esos momentos incluso nació un hijo…
Aquí un claro ejemplo de las “heridas invisibles”, porque nadie es feliz, él porque está entre dos amores, tú porque lo amas, y la señora
porque ese hombre es su esposo.
¿Ven? Esas son las clases de conversaciones que no se dicen a cualquiera…
Herida invisible. Ejemplo nº2
“Yo le amaba, nos íbamos a casar, teníamos un plan en común…
Pero un día no prendió más su chat, no respondió más mis emails, su teléfono estaba siempre apagado y nunca más supe de él. Me sumí en la más profunda de las penas, no tenía ganas de nada, trabajaba como de costumbre, pero me convertí en una chica callada y desconfiada para que no se rieran de mí…”
Esas también son heridas invisibles amigas…
Heridas que no se pueden contar.
Dolor en el corazón. Ejemplo nº3
“¿Cómo le digo que ya no le amo, que mi corazón es de otro, que es un buen hombre pero no lo amo?
No quiero hacerle daño… ¿Qué hago para que nadie salga herido?”
Eso amiga es imposible, siempre habrá alguien que sufre más que el otro…
También éstas son heridas invisibles que nadie ve, pero que duelen como un puñal.
Y podría estar contando cientos de historias contándoles el gran dolor que producen estas heridas…
Pero seguramente entre nosotras hay muchas historias de heridas invisibles, algunas que se pueden contar, otras que se disfrazan para poder ser contadas… ¿Verdad?.

martes, 20 de agosto de 2013

¡PODEMOS SUPERAR LOS DUELOS QUE AFLIGEN NUESTRAS VIDAS.




Cada persona pasamos por los duelos de nuestra vida de forma personal, individual y diferente.
Ya sea un duelo por la muerte de un ser querido, un duelo por quien simplemente se fue rompiendo nuestro corazón o una amistad perdida… nuestro dolor es personal, sería difícil pensar que alguien pudiera sentir lo mismo…
No obstante, todo duelo es superable. Podemos superar los duelos de nuestras vidas. Sin los duelos no seríamos capaces de darle tanto valor y amor a lo que ahora tenemos.

Pasamos por momentos muy difíciles en nuestras vidas, a veces el amor ineludiblemente se nos convierte en un inmenso dolor que nos parte el alma al sentir perdido aquello que tanto amábamos. Entonces llega el duelo: esa reacción que adoptamos a la hora de afrontar una pérdida.
Hay muchos tipos de pérdidas: desde la muerte de un ser que amábamos, una ruptura amorosa, el despido de un trabajo, la separación de algo que considerábamos importante… Todos estos son duelos porque en ellos se encierran sentimientos de dolor y frustración, lo que varia indefectiblemente es la profundidad y los grados de afectación de los sentimientos y la vida que llevábamos hasta el momento de vivir el duelo.
El duelo nos cambia, sería muy pretencioso creer que no es así, puesto que nos vemos expuestas a una situación que tal vez no esperábamos y que de un momento a otro nos deja sin piso. Es allí en donde empiezan a aflorar varias reacciones a lo que estamos viviendo: podemos perder o aumentar de una manera exagerada nuestro apetito al igual que nuestras horas de sueño, experimentamos sentimientos de tristeza, soledad, desesperación, rabia… ¡y es natural! Estamos viviendo un duelo.
Cada cual vive su duelo de forma diferente.
Cabe destacar que las formas de vivir un duelo son únicas en cada ser humano: habrá quienes decidan afrontar la situación encerrándose en su dolor y quienes decidan abrirse al mundo como medio de apoyo para superar la dificultad; lo cierto es que la forma de vivir un duelo no es proporcional al cómo se amó, siempre habrán distinciones y elementos trascendentales y propios de cada quién que hagan su proceso único.
Todo se supera, el tiempo de duelo también.
Existen factores que “amilanan” el duelo así como otros que lo pueden hacer menos llevadero. Pero, sea cual fuere nuestra situación, debemos ser conscientes de que nosotras aún seguimos aquí por alguna razón, y que podemos superar las tristezas de nuestro camino cualquiera que sea su índole: habrán unas que requieran de mayor tiempo, otras no tanto; pero todas tienen algo en común: son superables.
Lo importante es que reconozcamos que el duelo es un proceso, y por lo tanto, necesita de tiempo, ¡debemos darnos tiempo! Podemos seguir adelante y aprender de los golpes de la vida, pero primero debemos mimarnos mucho para no caer en extremos que agravarían nuestra situación: ensimismamiento, falta de higiene, uso de medicamentos sin prescripción médica, entre otros.
Aunque suene difícil de cumplir, lo que debemos hacer cuando atravesamos un proceso de duelo es cuidar de nosotras mismas: comer bien, respetarnos a nosotras mismas, hacer ejercicio (no en extremo), estar pendientes de nuestro cuidado personal, buscar la mejor y más sana manera de sentirnos bien con nosotras mismas.
El duelo lleva tiempo, ¡démonoslo! Ello no significa que al superar esta etapa vamos a romper los lazos que nos unían a aquello que tanto amábamos, lo que significa es que vamos a aprender a recordar sin dolor para poder seguir en la búsqueda de esos horizontes que tanto hemos soñado.
Todas hemos pasado por un duelo. Lo que es seguro es que sin pasar por esos duelos, no seríamos capaces de darle tanto valor y amor a lo que ahora tenemos.
¡Ánimo! Levanta tu cabeza y dale gracias a la vida por permitirte amar, tu dolor no es sino una muestra de que eso es lo que has hecho… Podemos superar todo nuestros duelos si nos lo permitimos: ¿te permites superar la situación que hoy agobia tu vida?

jueves, 8 de agosto de 2013

TODAS LAS MUJERES SON ÚNICAS Y DISTINTAS



En el Planeta Tierra, la inmensa isla donde vivimos, hay casi 7 billones de habitantes… y de estos, más del 50% somos mujeres (somos mayoría). ¡Y no hay 2 mujeres siquiera parecidas, menos aún iguales! ¡Dios nos ha hecho completamente distintas!

Un hombre me dijo: “Dios perfeccionó a su creación cuando hizo a la mujer, por esa razón la hizo hasta el final.”  Estoy convencida de que si todos los hombres pensaran de la manera en que lo hace este hombre, la vida de la mayoría de las mujeres sería también completamente distinta.

De millones, eres única y especial

Yo siempre digo un juego de palabras, que más que broma es realidad: “A la mujer no debes entenderla, debes atenderla.” Hombre, tú que tienes una mujer porque Nuestro Padre así lo quiere y tú lo has decidido, a ti Él te manda: “Vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1 Pedro 3:7)

Siempre he creído que todos los hombres son distintos, también; no debemos etiquetar a todos los hombres como “iguales”.  Los hay regulares, buenos, muy buenos y excelentes. A las mujeres nos toca pedirle a Dios que ponga hombres excelentes en nuestro camino y tomar la mejor decisión siempre.

No todos los hombres nos tratan a las mujeres de manera igual, porque todas las mujeres somos muy distintas. El corazón de cada mujer palpita a un ritmo diferente, los ojos de cada una de nosotras tienen un brillo diferente, la sonrisa de cada una de nosotras tiene un sabor diferente, las acciones de cada una de nosotras tienen una fuerza diferente y las lágrimas de cada una de nosotras tienen un sentimiento diferente. Estas diferencias marcan las pautas del “manual de instrucciones” de cada una de nosotras.

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme al Señor, ésa será alabada”. (Proverbios 31:30) También en nuestra gracia y hermosura somos distintas; y en lo más importante de la vida, que es el temor a Dios; aún en eso pensamos, sentimos, actuamos y somos únicas y distintas.

jueves, 11 de julio de 2013

EN ESPERA DEL AMOR



Si tengo seguridad en mí misma, en mi potencial y en lo que valgo como mujer, yo sé que tarde o temprano encontraré el amor que tanto estoy esperando.

No voy a precipitarme, seré paciente, esperaré por el amor correcto, esperaré a estar segura de que es él.

Confío en que Dios tiene alguien especial para mí.

¿Crees que tu corazón está preparado para recibir el amor? ¿Has perdonado? ¿Ya sacaste de ti todo el rencor que guardabas de aquella última relación que te dejó hecha pedazos?

Si todavía conservamos tristes recuerdos, si aún no hemos podido sanar aquellas profundas heridas que dejaron nuestro corazón infectado de mentiras, engaños, celos, traiciones y maltratos… entonces nos será difícil recibir un compañero sentimental que nos llene de felicidad, que nos apoye en todo momento y nos ame de una forma incondicional.

Para recibir el amor del hombre que Dios tiene para ti, debes primero perdonarte a ti misma sin culparte, limpiar y renovar tu alma aceptándote y valorándote como un ser que es digno de amar y merece ser amado. Y si con ello mantienes la esperanza en que todo en tu vida mejorará, a pesar de las pruebas que enfrentes, al final habrá una recompensa para ti.

Mujeres que anhelamos ser amadas: debemos ser pacientes en la espera.

Dice un adagio muy popular que “la desesperación es parte del fracaso”… entonces, ¿por qué nos desesperamos? Dios tiene un plan perfecto con cada una de nosotras, él todo lo hace a su tiempo, él nos prepara para recibir un amor sin manchas, un amor verdadero, permitamos que sea él quien tenga el control de nuestra vida.

En nuestras relaciones, solemos ir de fracaso en fracaso, muchas veces por temor a la soledad, porque no concebimos unas semanas, unos meses, unos años sin tener a un hombre a nuestro lado. Y por eso tendemos a elegir mal…

Tú que quieres ser bendecida con un gran hombre, espera la promesa en el Todopoderoso, a él es quien debemos dejar que obre de manera perfecta en nuestra vida. Él sabe qué nos conviene y qué no, y lo más hermoso es que nos prepara para recibir a ese hombre que al igual que nosotras desea experimentar un amor sin condiciones, basado en la confianza, comprensión, en la unidad, en la comunicación y en los pequeños detalles que fortalecen y avivan toda buena relación.

A ti hermosa mujer que espera el amor, te invito a que descargues tus cargas y miedos en Dios, que sabrá prepararte, porque él desea que tanto tú como tu pareja disfruten un amor correspondido, donde la felicidad no sea una quimera, sino toda una realidad.

Cree en el amor, porque sí existe.
Y espera paciente en él.

viernes, 28 de junio de 2013

¿ LA RELIGION EN LA PAREJA UNE O SEPARA ?



Cuando estás enamorada y deseas construir tu vida junto a esa persona, lo menos que piensas en esos momentos es en las ideas que tienes sobre la religión. Muchas personas se casan a pesar de ser distintas sus ideas y creencias, pensando que el tiempo limará esas asperezas. Pero no creo que con el tiempo se suavicen, al contrario, a la larga esas diferencias son verdaderas peleas dentro del hogar.

La madre tiene una forma de criar a sus hijos, le han acostumbrado a tener valores familiares, morales y espirituales, como madre quiere enseñar a sus hijos los valores con los que ella se crió. Y es en ese momento cuando aparece el hombre con otras ideas y diciendo “¡Porqué le dices eso a nuestros hijos si a mí me enseñaron esto y esto otro en mi casa”, o “No le enseñes esas tonterías, que Dios no existe, guárdate esas cosas para ti misma, pero no se las inculques a los niños!”.

Cuando te enamoras piensas que no habrá problema por ser de diferentes religiones, por ser cristiana y él ateo, católico, evangélico, protestante, o de cualquier otra religión… hay respeto y te ama pese a las diferencias de creencias. Pero llega un momento en la relación en la que nos damos cuenta de que las diferencias entre los dos son de mayor importancia de lo que en un principio creímos.

“Yo quiero ir a mi iglesia con mi gente, hablar con ellos, compartir… pero siempre tengo cosas que hacer y al final termino quedándome en casa para que él no se moleste”(nos contaba una amiga de esta página).  “He dejado mi ministerio y mis labores rutinarias en mi iglesia porque somos distintos. Mis hijos no pueden ir a mi iglesia, porque a él simplemente no le agrada, pero sí pueden los hijos ir donde él va o cuando a él le apetece ir, pues nunca ha sido constante en sus creencias.”

Empieza la frustración en la mujer, pues ha sido criada en una iglesia distinta a la de su pareja, pero como ellos no tienen confianza para decir las cosas que sienten la relación comienza a distanciarse. Y la mujer (porque casi siempre es la mujer quien cede) termina por dejar de ir a su iglesia para ir a la de él y sus hijos. Claro que no es feliz, fue criada con otros valores morales y es un poco más estricta, se siente muy fracasada y mal por no ir donde ella desea estar. Por supuesto que a su pareja no le importa como está, ha logrado su cometido, ella ha decidido seguirlo hasta en su religión, y cuando la ve llorar en la iglesia se piensa que es porque está contenta y agradecida.

¡Que va!, está frustrada porque no puede estar con los suyos, con los que se ha criado, con su familia que siempre ha estado allí en su Iglesia. Y es realmente un problema muy serio, nadie puede ser feliz imponiendo al otro sus ideas, para eso son personas con raciocinio y mayores para saber lo que hacen. Pero como siempre, para buscar la paz y la felicidad de su hogar ella calla y prefiere ignorar aún así a costa de su propia felicidad.

Es muy importante que exista el respeto hacia la otra persona, y si conjugan verbos distintos en las religiones, y hay cariño y amistad no debería ser un obstáculo, pero desgraciadamente no es así, y la mujer termina por ceder ante su pareja.

Imagina que lo más importante en tu vida es Dios, si para tu pareja no lo es pero respeta tus creencias, y decides por ello que puedes casarte con él…  ¿Realmente crees que no supondrá un serio problema a lo largo de algún momento de la vida? Para ti la prioridad es hacer lo que es correcto delante de Dios, para él aunque te respeta eso no es prioritario (es algo que simplemente consiente). ¿Cual será la prioridad del matrimonio? Tus creencias no, son tuyas, no de los dos. Alguien tendrá que ceder, y puede que lo que tengas que ceder sea algo muy importante para ti.

Lo más probable es que las diferencias de religión y creencias llegarán a suponer un problema en la pareja, incluso llevándote a plantear una ruptura.

martes, 18 de junio de 2013

NO HAY MUJERES FEAS ... SOLO DESALIÑADAS




Hoy en día vivimos en una sociedad en donde la mujer juega un papel de suma importancia, ya que se dedica a múltiples obligaciones (el hogar, el trabajo, los estudios…).

Ésos son factores que, de alguna manera, nos llevan a descuidar un poco nuestra imagen, ya que dedicamos mucho tiempo a cumplir con un sinfín de responsabilidades y no apartamos tiempo para nosotras…
El aspecto físico es un factor muy importante para todo ser humano.  Pero entonces, ¿por qué estamos desaliñadas? ¿Por qué, si tenemos tiempo para los demás, no lo tenemos para nosotras mismas? La respuesta es muy sencilla: somos un tanto egoístas para con  nuestro cuerpo, piel y esencia.

Esa actitud debe cambiar.  No solamente es algo que les ocurre a las mujeres casadas, sino que atañe a todas las mujeres en general: debemos trabajar en nosotras para mejorar cada día nuestro aspecto físico.  No es por competir con alguien.  La intención es amarnos a nosotras mismas, es sentirnos bien, es comprender que no somos un “objeto”, que no estamos hechas sólo para cumplir obligaciones y para que los demás sean felices…

Somos seres humanos con muchas capacidades y un corazón desbordante de cariño y amor, que damos felicidad pero que también necesitamos de ella para salir adelante.

Las mujeres somos como las rosas: debemos cuidarlas para que se mantengan hermosas. Debemos cuidarnos, querernos y buscar la forma de regalarnos un tiempo.  Es importante distribuir bien todas las responsabilidades y dedicarnos a embellecer nuestra imagen, porque eso nos ayuda a aumentar nuestra autoestima y a sentirnos mejor con nosotras mismas.

Somos luchadoras, responsables, amigas, esposas y madres… en fin, somos mujeres, y debemos enaltecer nuestra esencia.